Necesito desahogarme. La semana pasada no fue buena. No firmé
ningún contrato de confidencialidad, pero omitiré detalles.
Nunca he podido manejar bien las pérdidas. Tal vez sea un
exagerado porque no tengo ni dos meses aquí, pero al menos he podido acercarme
más al mundo real de mi profesión. Y es un poco triste que la gente de quién
has aprendido (mucho o poco) decida partir antes que tú.
Algo que he aprendido en la vida es que todas las personas relevantes te marcan para bien o para mal. A veces te dan palabras de aliento, te enseñan algo nuevo o de plano te dejan muy mal. O incluso, todo lo anterior. Las primeras dos me pasaron en los últimos meses.
En mi infancia fui muy apegado a mi hermana La Contadora. Cuando se casó y se fue con su nueva familia, no supe cómo reaccionar. De la universitaria que yo consideré exitosa a la madre de hoy hay tres billones de años-luz de diferencia.
Sólo me queda hacer lo que hice la vez anterior: seguir
trabajando.

